Luis Puelles - Cubismo trágico. Las fuerzas de Picasso
En una entrevista de 1956, Picasso nos da la pista que quisiera seguir: “Yo nunca hago un cuadro como una obra de arte. Es siempre una investigación. Busco constantemente, y hay un encadenamiento lógico en esta investigación”. De acuerdo con este planteamiento, Luis Puelles pone en claro una cierta lógica del proceso en el que se define el cubismo analítico a partir de la lectura deleuziana del Sofista (también de sus consideraciones, compartidas con Lyotard, sobre lo figural) y, en particular, de las aportaciones nietzscheanas a propósito de lo trágico. Un “encadenamiento” en cinco acciones: (a) evidenciar la representación (o desencantarla), (b) desestabilizarla, (c) llegar al fondo, (d) tomar las fuerzas dionisíacas, y (e) ganar la superficie. Esta es la manera en que a Luis le gustaría entender que es así cómo las imágenes picassianas se harán con las fuerzas con las que no ceder su presencia.
Teresa Oñate - Picasso Presocrático: una subversión estética del espacio-tiempo radical
El juego de los dos puntos repetidos ofrece mucho aliento, pues en Demócrito se condensa el Deleuze de ese conocido apéndice de su Lógica del Sentido dedicado a “Lucrecio y el Atomismo Antiguo”, así como la crítica de Leibniz y Spinoza a los átomos extensos, presuntamente indivisibles, y la propuesta de una univocidad intensiva espiritual. Mientras que en Heráclito se condensan además de la crítica al Pitagorismo, la hermenéutica de Nietzsche, Heidegger y la crítica del tiempo-espacio de la representación lineal y armónica, así como se abre la ontología del límite, el juego, el lógos y la síntesis disyuntiva que tiene que ver con el enlace de las diferencias difractas. Las implicaciones para la experimentación nuclear tampoco son ajenas a la subversión de la condición de posibilidad de las síntesis espacio-temporales, pictóricas y plásticas, que la creatividad genial de la obra de Picasso explora y reinterpreta con implicaciones tanto en el orden ontológico-político de la paz como en el artístico-tecnológico. Todo lo cual brinda claves inéditas y reunidoras de comprensión para su obra, así como inéditas recepciones y reactualizaciones futuras de ésta. Claro está que me atendré a obras y textos concretos de Picasso.
César Moreno - Voraz pasión de ver, o pintar no es pensar (Picasso sin tregua ni retrato)
Se podría aventurar la hipótesis de que si la relación entre “Picasso y la Filosofía” ha quedado indecisa, a diferencia de lo que sucede con otros artistas, más y mejor filosóficamente “apadrinados”, es porque la voluntad pictórica de Picasso se caracteriza por una voracidad de ver que deja fácilmente atrás, exhausto y desanimado, el intento por darle alcance filosófico: identificarlo, localizarlo, estigmatizarlo, ideologizarlo, preverlo. Nombrar a Picasso es invocar a un Proteo absorbente, metamórfico, en permanente éxtasis sin tregua. Picasso siempre está ya en-otra-parte y de-otro-modo, sufriendo también él, sin duda, el azote de su propio deseo infinito. Por otra parte, en Picasso se torna cierto que pintar no es pensar, en la medida en que, a diferencia de otros artistas que se esforzaron en proclamarse y coaligarse en torno a manifiestos, no hay ningún Manifiesto que pudiera expresar a Picasso, que no requería más que el Entre de Mirada-Lienzo-Pincel. En este sentido, Picasso, rebelde, taurocéfalo, es un “bruto”, un Picasso salvaje multierotizado, carece de “finura intelectual” y de la paciencia del concepto, y se resiste a la síntesis. Aunque quisiéramos retratar a Picasso, en el fondo, sería imposible ofrecer su "imagen fija" en la fuente de su pasión.